Tiempos de sueños para el Sevilla en los tres frentes: Liga, Copa y UEFA (22-4-07)
La Feria de Abril comenzó este domingo 22 de abril en el viejo Nervión. No hizo falta llegar a la prueba del alumbrado, las brillantes luces del Estadio iluminaron de forma fulgurante la gran victoria del Sevilla frente a los leones de San Mamés. Cuatro a uno a favor de los de Juan de Ramos. Y baile por sevillanas, y olés, y olas y el sí, sí, si, el Sevilla ya está en Madrid. Feria de Abril adelantada. Fino, manzanilla y tapas. La fiesta sigue.
El Sevilla sufrió un poco en el primer tiempo, con un Atlhétic que se multiplicó para atenazar a los jugadores blancos. Trataron los bilbaínos de impedir claros movimientos positivos a los locales. La aspiración de Mané era la de no recibir goles. Firmar un empate. Pero la táctica defensiva del técnico visitante, con contados contragolpes para lucimiento de Cobeño, duró los primeros cuarenta y cinco minutos. De todas formas, a Poulsen se le anuló un gol y Luís Fabiano desperdició un penalti para iniciar la cuenta, porque el balón se fue a la madera. También en este primer periodo, Kerzhakov luchó desesperadamente para imitar la racha de su compañero Kanouté, que fue reservado para Pamplona. El ruso trabajó a tope para derribar la muralla del club bilbaíno. A punto estuvo de lograr en este primer periodo sus primeros propósitos.
Pero después de la primera, llegó la segunda. Mírala cara a cara. Y así fue. El Sevilla frente a frente a la gloria. El cuadro del Sánchez Pizjuán fue un rodillo. La máquina comenzó a trabajar. Alves, Poulsen, Kerzhakov, Puerta y, sobre todo, Luís Fabiano, que se quiso sacar la espina del error en el máximo castigo, arrollaron de forma implacable. Y llegaron los goles como soles. Cuatro tantos para enmarcarlos. El cuadro de Juan de Ramos fue una apisonadora cuando apretó el acelerador. Los bilbaínos de Mané fueron unos malos comparsas en el rectángulo de juego ante el arrebato local. Por eso hubo mucha faena para el tío del marcador. El gol de Kerzhakov murió en la red visitante porque el ruso estaba ahí, en la punta de lanza; el de Puerta por su clase futbolera al colocar un balón imposible; el de Chevantón al culminar un gran pase del genial Luís Fabiano y el del brasileño, que coronó el abultado tanteo, por sus ganas, su fina y ajustada carrera y por querer salir del campo con todos los honores. El gol de Yeste fue una anécdota en el partido.
El Sevilla había cargado los cañones de Navarone. Hundió a la débil nave capitaneada por el bigotudo Mané. El equipo blanco está en la cresta de la ola, Arriba y arriba. A un punto del líder. Son tiempos para soñar despiertos. Si el pasado jueves se daba un paso muy importante en Riazor para que hoy se gritara en el campo lo de si, si, si, el Sevilla está en Madrid; este jueves florido de Feria, allí en el Reyno de Navarra y ante Osasuna, el Sevilla tiene otra inmejorable oportunidad para apuntarse a otra final. Nada menos que el postre de la UEFA
Lo que he dicho antes: Tiempos para soñar.

