Esperando a la Esperanza
A cotinuación incluimos el artículo, titulado "Esperando a la Esperanza", publicado en nuestra página web www.esperanza-de-triana.es , y escrito por nuestro Hermano Juan Manuel Labrador Jiménez, en el que hace una semblanza de la retirada del culto de nuestra Titular, Nuestro Señora de la Esperanza, con motivo de las labores de conservación que sobre la talla está realizando D. Luis Alvarez Duarte: Esperando a la Esperanza
Las leves brisas del otoño iban acariciando la piel de una ciudad que dejaba de sentir sobre su alma la intensidad calurosa propia del estío. Octubre doblaba la esquina de su ecuador, y nada más cruzar de acera se encontraba con las primeras nubes, e incluso con alguna que otra insospechada llovizna.
En esta época de cielos anaranjados al atardecer y bordillos de las calles llenos de hojas secas, se comienza a sentir la inminencia de lo que está por llegar en cuanto pase el enlutado mes novembrino, como es la alegría de un tiempo nuevo que llega y llena la vida. La Esperanza se hace entonces tangible, real, sincera, y abandona su camarín para estar con la gente que la quiere y la venera... Sin embargo, este año, su retablo se ha quedado huérfano con toda la capilla por unos días, justo unos meses antes de lo tradicionalmente previsto, porque hasta su Hijo se ha quedado solo, ubicándose a sus mismos pies el Sagrario, y frente a Él se celebra durante 6 noches el Santo Sacrificio de la Eucaristía.
La Esperanza, cual Madre que sale a hacer los recados de la casa mas sin nunca decirnos a dónde va exactamente, ha tenido que ir a hablar a solas con Luis, pero... silencio... que Ella no quiere que nos preocupemos, que nos ha hecho creer que ha ido a comprar al mercado, como buena mujer trianera, cuando realmente ha tenido que hacerle unas consultas al artista de Gines, que gustoso siempre se desplaza para atenderla personalmente hasta la ribera guadalquivireña de Betis.
La Virgen no quiere ser más guapa, porque no puede serlo ya, es imposible, porque más sobrenaturalidad en la prodigiosidad de su rostro no cabe, pero sí necesitaba que Luis la observase en otras partes del cuerpo, nunca visibles para nosotros, puesto que Ella sentía que necesitaba algún tratamiento. Ella no quiere que nos preocupemos, es algo rutinario, porque la Esperanza se mantiene joven, pero para seguirlo siendo siempre y no le pesen jamás los años, requería que su hijo Luis la atendiese con discreción.
No nos preocupamos Madre, te lo aseguramos, sabemos que estás en buenas manos, y sólo deseamos que vuelvas pronto de tu "recado" y te tengamos de nuevo en la capilla, porque simplemente te ausentas cinco días, y ya tenemos muchas cosas que contarte...
Juan Manuel Labrador Jiménez








